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domingo, 15 de febrero de 2015

Sin ti




Sería necesario un naufragio
de mil errores
para olvidar tu nombre
que resuena como campanadas
de domingo en la profundidad
de mi alma,
te vi pasar en un fragmento
de palabras escurridizas
que quedaran ancladas en mi memoria,
pincelando cada centímetro
con su algodonada antorcha,
una historia tan real y,
fascinante para los estímulos
del amor,
el silencio asomó por mi tiempo,
recorriendo las líneas de aquel cuento
que comenzara con…
Había una vez,
y, al internarme en su desarrollo descubrí
que no contiene final,
será posible que en un fugaz estremecimiento
nos adentráramos a lo incierto
¿Acaso sería una historia real
o un cuento sin moralejas?
Hojeé una y otra vez sus páginas vacías
palpitando en la niebla de sus letras
que se esfumaban por el aire
y formaban imágenes al vuelo
despidiéndose del encierro
de su dura y desvencijada
 tapa en aquel rincón,
en ese, su lugar…
Vacío de recogimiento
¿Dónde se ocultará el viejo polvo,
y esa polilla escurridiza que dormía a la orilla
de su crespúsculo naciente,
si ya no estas allí?
¡Ah, el pensamiento!
No nos deja vivir, ni morir
sin contar con su presencia
ni en el minúsculo de los tiempos,
se relaja desahogando sus palabras
en nuestras vulnerables mentes,
no la puedo encontrar, no…
la última página,
la del final,
acaso será una historia real
o un cuento sin moralejas…     
Hoy y siempre te extraño
aferrándome a mis sentimientos
visualizo tu imagen,
encontrándote insinuante,
con tu rostro interesante,
mirada callada,
la sonrisa mmm…
Recostada sobre la cornisa,
despertando a la vida
mis caricias
¿Dormidas?
Y, el relámpago de tus retinas
cegando afanosamente
mi mirada obnubilada,
quizás…
Sea el sonido de tu voz
sobre el perfil de mi ventana
cuando entonas esa canción
en la lontananza,
bajo la luz de una estrella
sin nombre,
con inmensidad de recuerdos,
no de la luna, no,
si de tu voz, que habla de amaneceres
luego de nostálgicas noches
ardientes en las nevadas pieles
sobre el silencio de almidonadas almohadas,
compañeras inseparables de nuestros secretos,
perfilando el pespunte de aquella sábana
que una vez sudaras en un sueño,
acaso fue en abril o enero,
no lo recuerdo muy bien,
o quizás en marzo,
un treinta de marzo quedaría muy bien
para obsequiar una fecha
estimulante,
sin horarios no,
sin límites de tiempo,
solo nos, sumergiéndonos
 en las reminiscencias
cuando decir te amo
no era cuestión de dolor
hoy te veo irremediablemente irresistible.
Sin ti la luz se tornó difusa,
cuando te busque
en la soledad de la noche
entre viejas melodías
al sonar de una guitarra
que me recordara tu ansiada
voz sobre la línea de mi espalda
entre vértices columpiándose
ciegamente por encima, si,
por los niveles delineados
entre insólitas curvaturas
amaneciéndose en el final
de un ocaso humeante
traslúcido de sal
en una enérgica humedad
sin final, ni principios
allí donde estabas,
navegante
en la profundidad del mar
saboreando la sal de sus rocas
sobre la majestuosidad de tus labios
al costado del camino.
Serás la impotencia
al no tenerte en esta tarde gris
cuando mis retinas te gritan
agobiadas, desnudas de orgullo
sin vestimentas aparentes
en la búsqueda incesante
de tu abrigo
sobre la cornisa de mi piel,
cuando la luz se torna difusa

sin ti…

jueves, 22 de enero de 2015

Entre vértices de alcobas



Sintió su mirada

como penetraba lenta y profundamente

entre roces lacerantes,

su piel abría

al murmullo de su voz,

los oídos derretían las palabras

una y otra vez,

sucumbía a los susurros

de la noche,

y esperaba…

Esperaba su blanco

consumarse arduamente

sin tiempos,

con miradas de nieblas,

aturdiendo en las oscuras llamas,

simulando melodías

amortiguadores en las raídas sábanas

desfallecían en su trajín,

sales escurrían por sus espaldas

en un gemir de alcobas,

las arenas mecían las notas

de una vieja tonada de madrugadas,

mientras sus lenguas se atragantaban

en sus gargantas,

se oían, mutuamente,

arrodillándose en el silencio,

bebiendo de sus vértices

ahogando sus labios

en aquella canción…



Su regreso




Y volvió como tantas otras veces
con su rostro cansado de amaneceres
en alcobas extrañas,
sus ojeras destilaban relámpagos
anocheceres con aromas a otras sábanas,
regresó silencioso
como un fantasma,
lo supo…
Desde ese momento comprendió,
que lo había perdido para siempre,
ya no era el mismo,
aquel que había partido
de mirada peregrina
corazón errante,
su tiempo de vagabundear culminaba,
como el otoño con el verdor de las caducas,
sus sueños cautivos,
guardaban en secreto
y arrogancia su nombre,
su piel, que lo había acariciado
sujetando su alma
con ambas manos,
había corrompido su voz
sus sonidos fónicos se oían atrapantes
seducía a su paso,
con aroma,
a hombre enamorado…


Como suelo mirarte…



Te vi,
en un espejismo
parado frente a mí
con un manojo de caireles
tus manos
aplaudían nostalgias,
aún con los ojos cerrados
saboree el salado de tus labios
que subían como dentelladas
fantasmales en la noche,
recorrían mi silueta
dibujada en la cera
deslizándose
por las grietas de mi cuarto,
eras tú, lo sé,
mi piel me lo dijo susurrante,
en secreto viniste,
como tantas otras,
mientras duermo
sin ti,
olí el aroma primavera,
que brota de tu aliento
lejano, muy lejano en la noche
fría sin tus brazos,
ni el sol de tus párpados,
cuando me miran,
ruborizando mis pupilas de amapolas,
como tu sangre.







Amelia Orellano Bracaccini



sábado, 6 de diciembre de 2014

Cuando me ves



Amanece en tu piel de arena dibujada,
un oleaje repentino que sacude las olas,
en los párpados de miel tu aroma,
exquisita fragancia semejanza amapolas,
  vaivén danzante de colores tus cabellos,
 giran y giran, ovillantes melodías,
 en torno a las montañas de tu pecho,
minúsculos párpados de miel atónitos revuelan,
las rocas que de ti deslizan a tus pies descalzos de ensueños,
 asoma una caricia en sus oídos de plata,
palabras hechiceras sin mordazas
acolchonando tus caderas contoneantes figuras,
que menean envolviendo tus pupilas risueñas,
amanece otro día sin tiempos, ni horarios,
la luna desdibuja su reflejo en el agua,
todo regresa a su calma cuando me ves,
bosque de pinos tu mirada.



Amelia Orellano Bracaccini

viernes, 21 de noviembre de 2014

Tu


Cuando el día nace
y su sombra se va cubriendo de luz,
la mañana se viste de seda en tu piel,
el viento abanica sus vestidos
esparciendo tu aroma
en el espacio de mis sentidos,

los suspiros se atolondran,
agolpándose para salir amedrentados
recorriendo la faringe en su calor,
golpeando fuerte, muy fuerte,
mis vestiduras, tu voz,

socavando palabras guardadas,
de mi boca amurallada
reservada para ti,
tu mirada, tu mirada,
tímida, cristalina,
humedeciendo mi desnudez.

De esa copa de vino…
Que no bebimos,
afloraron los deseos
mil caricias y un te quiero,
enterneciendo mi ser.

Has logrado, tú, perturbar mis días,
mis noches, cada uno de mis sueños,
conduciéndome a la irremediable locura,
desvaneciendo mis fronteras,
guiando a las estrellas en el camino
hacia tu amor…





Amelia Orellano Bracaccini

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hoy, como ayer

Un peldaño más otro peldaño, y la luna se aleja inevitable, con su rostro plano, que lo toco, lo acaricio, con mis manos sedientas de verano.


 Las horas y los días incorruptibles nos consumen en su interminable, pesado corroer, el infierno descendió sobre el cemento calcinando nuestros sentimientos, cuando te pienso, cuando renaces en mi mente, como un recuerdo, como una imagen, sobre aquel busto de piedra, mohecido entre laureles y rocas, una figura célebre, inolvidable al paso del reloj de arena, al ruido de los motores.


Siempre estás, en cada calle, cada esquina, en la sonrisa de la plaza, en la soledad de sus bancos, en la farola intermitente, desdibujada algo bizca, en los árboles, en la profundidad de su madera, en el núcleo de lo que fue su esencia, en el naciente y esperanzado brote, que ansioso desea nacer a la vida, y morir a su suerte.


Hoy como ayer quisiera escribirte, una y mil cartas, y la alegría rebota por las comisuras de los dedos zigzagueando chispazos en el interior de mi naufragio, un oleaje de mil palabras inunda mi espacio y en él, te mueves como un inmigrante pájaro facetado, que asciende y desciende entre la marea de mis ojos, mis pupilas que te observan admiradas,  mareadas de lujuriosa pasión, balanceándote estrepitosamente sobre mi hoja en blanco.


Soñé contigo noche antiguas, vestidos de lunas en un desierto de olvidos, yo te miraba, afanosamente y en la sombra de tus párpados, se dibujaban letras y un te amo, sonriente, me tomé de tu mano, besé sus falanges, rocé sus uñas, en mis silencios, para desaparecer en la neblina de tu boca, en la humedad de tu lengua, en la inmediatez de tu ternura, en el placer de un orgasmo verbal cuidado, venerado y deseado tantas pretéritas, y futuras mañanas, junto a la llegada del rocío, al despertar ambicioso y bullicioso de los gorriones mirones.


Sueño un sueño lejano, en un desconocido territorio donde una vez en el ayer, nos amamos dormidos, al calor de la sal de tu playa, con sabor a molinos y versos, excitados por el brillo de las estrellas y su incontable presencia.


Una melodía a lo lejos corre, llueve, a la velocidad del tiempo, despilfarrando estrofas, dilapidando aceras con sus nostalgias, una baldosa se mueve al compás, otras irreverentes  cuestionan su proceder refunfuñando ecos a lo bajo, una lágrima sonriente, caminando de prisa la pisa muy oronda, sin pretender comulgarse, ni arrepentirse sigue su paso…


Nuevamente hoy, como ayer, el cielo dibuja tu nombre en un sinfín de espacios nuevos, muy nuestros, y una voz de mi interior aflora sin pensar, vociferando a los cuatro vientos te quiero!





Amelia Orellano Bracaccini





jueves, 25 de septiembre de 2014

No alcanzan mis palabras,  sueños, ni caricias,


llenar ese vacío que guardas celosamente en la inmensidad de tu 

noche…




viernes, 25 de julio de 2014

El dulce de tus besos

Salve oscura su presteza noche,
improcedentes disturbios,
en el horizonte de tu boca,
apetencia infinita,
devorando cerrojos,
febriles e insaciables tus besos,
cárcel de mis demonios,
arremetiendo a tus antojos,
las llaves de mis deseos,
confín ardiente y sensual
en el paraíso de tu poesía,
tinta exquisita grabada
con cincel en el muro
de mi cuarto,
donde escrito debajo
tu nombre asoma
en interminables
páginas en blanco.



Llevo escribiendo tu nombre,
infinidad de veces,
en cada una se dibuja una sonrisa.


Contigo



Espero en tu llegada,
afanosamente adentrarme,
en la mansedumbre de tus aguas,
floreciendo al verde de la primavera,
a la fragancia del alba,
al calor de tu perfume
a la frescura de tu risa,
renaciendo a la madriguera de la vida,
a tu entereza que es mi calma,
revelando los colores,
reviviendo las hojas marchitas
entibiando las gotas heladas
fundiéndose con el rocío,
entonándole a tu ventana,
las pulsaciones de mi pecho...


Porque contigo,
todo lo puedo,
todo lo consigo,
y lo supero,
todo cobra sentido
transparentándose 
enalteciéndose,
dibujándose,
contigo, solo contigo...  





  







jueves, 24 de julio de 2014

Muere la inocencia


¡Sangren párpados heridos
testigos de aberraciones y cobardía!
Escudándose en creencias.
¡Dónde está su valentía!
¡¿Dónde estamos mirando?!
Es el fin, el comienzo
de su agonía,
almas frágiles,
sueños partidos.
¡Dolores extirpando
los vientres de las de madres!
¡Sangra tierra!
¡Tus ángeles mueren!
¡¿Dónde estamos mirando?!
¡Realidad lacerante que embarga,
haciendo tambalear nuestros cimientes!
¡Oh, vida!
¡¿Que te hacen?!
¡Nace y muere la inocencia,
en manos de la barbarie!
¡Ya no llores madre!
¡Ya no grites tu pena!
¡Dios al fin ha aliviado su pena!






miércoles, 23 de julio de 2014

Amor de la noche


Despierto muy temprano,
algo sacude mi sueño,
la sensación de un beso
en mis labios,
una mano rozando mi rostro,
velozmente abro los ojos,
ya no estás,
te has ido,
una y otra vez
cada amanecer,
vienes a mí,
como un impostor
ladrón de vidas
y sueños,
amor inmortal,
escondido en la oscuridad
donde el tiempo es eterno,
te amo,
te espero,
al irme a dormir
sé que vendrás,
y en silencio me amarás.
¡Oh, amor!
¡Permíteme ver tu rostro,
tu imagen!
Para recordarte cada mañana,
y saber quién roba mi alma...
Tú, ángel de las tinieblas,
devorador de esencias
has contaminado mi existencia
con tu aroma
no te puedo quitar.
¡La necesito,
te necesito!
Como oxígeno,
al respirar,
acude a mí,
en mí.
¡Llévate mi vida!
Te pertenece en cuerpo
y alma,
arroja mis despojos
a la nada,
sin ti solo soy una esclava más,
que has hechizado
con tus garras,
convirtiéndome en tu amante
solo, para saciar tus ansias,
muerde mis estancias,
condéname la amargura
de seguirte en los tiempos,
a vivir de la sangre,
de tus restos.
Ya no reconozco mi figura
algo, me obliga a olvidarme del resto,
solo tú, estás presente,
así lo quiero,
así te quiero,
¡Oh, mi amor!
Me has hecho tuya,
tu fiel sirviente,
viviremos eternamente
solo para amarnos…






Imagen de la web








domingo, 20 de julio de 2014

Pensarte


Pensarte al desabrigo,
de la frialdad  de la noche,
en la ausencia,
del calor de tu cuerpo.
Te sueño a mi lado,
tomándome de las manos,
acariciando mi nombre,
besando mis párpados,
dibujando con tus manos
el contorno de mi regazo,
ahogando mis gemidos
con tus labios,
recorriendo vértices y puntos,
contorneando con tus yemas,
la madera de mis piernas,
socavando los espacios
expectantes de ti,
de tus febriles deseos,
oyendo en mis sueños
luego de cada suspiro,
susurrando muy bajito
te amo,
mi dulce anhelo…





sábado, 19 de julio de 2014

Hoy


Sigo buscando ese instante que me acerca a ti,
a tus emociones,
como una semilla sin rumbo arrastrada por el viento
a la deriva me siento,
tan lejana,
recorriendo cada lugar,
cada fecha,
en la particularidad
apareces y te desvaneces,
no encuentro mi lugar a tu lado,
es como un juego de naipes apilados
una simple brisa los mueve
y hace tambalear su consistencia,
estás y no estás en la transparencia
de mi amor,
como una veleta,
en busca de la brisa
que te dirija en alguna dirección,
te extraño hoy más que nunca,
sin poder ver el mañana
hundida en la incertidumbre,
perdida en el silencio,
el frío, golpea las puertas,
la tarde se despide lentamente
y la noche se desviste de color.
¿Quizás amarte haya sido un error?
¿Cómo se le explico a mi corazón,
que urge por ti, mi único, venerado amor?
Que en la soledad en la que me veo envuelta, hoy,
no es solo causa del desamor...